27 de February del 2017

Rejuvenecimiento de la mirada

 

La primera zona de la cara que acusa el paso del tiempo es el contorno de los ojos: Aparecen pequeñas arrugas por adelgazamiento de la epidermis, la piel se hace más laxa y flácida por la pérdida de colágeno y elastina de la dermis, el surco lacrimal o valle de la lágrima se va marcando, y la cola de la ceja y el extremo externo del ojo  descienden de su posición inicial.

Todos estos cambios modifican la expresión de la mirada dando un aspecto de cansancio, enfado o tristeza.

En aquellos casos en los que el excedente de piel es  muy evidente, la mejor opción es la cirugía (Blefaroplastia) para recortar la piel sobrante.

Cuando el problema no es tan acusado, podemos recurrir a otras técnicas no invasivas:

Descenso de la cola de la ceja: Con la edad, el soporte óseo  y los depósitos grasos van disminuyendo, haciendo que la ceja descienda. Para reposicionar la ceja, contamos con tres técnicas que pueden combinarse o utilizarse individualmente, según las necesidades. El ácido hialurónico devuelve a la ceja el volumen perdido; la toxina botulínica, inyectada en el músculo que provoca las patas de gallo, relaja la musculatura y permite que la cola de la ceja se eleve ligeramente, y por último, otra alternativa consiste en hacer una malla entrecruzando hilos tensores PDO (Polidioxanona) sobre la ceja, en lateral externo de la frente. De esta manera, además de tensar y levantar la ceja, promueven la formación de una malla de colágeno y elastina, aumentando el espesor de la dermis. Son hilos que se reabsorben  y que ya han sido ampliamente utilizados en cirugía cardiaca.

Surco lacrimal o valle de la lágrima: Separa el párpado inferior de la mejilla. El estrés, la falta de descanso y la edad hacen que se vaya haciendo más profundo. En este caso el procedimiento ideal es el relleno con ácido hialurónico, actúa aportando volumen a la zona hundida y devolviendo al pómulo su proyección característica de la juventud.

Patas de gallo: Teniendo en cuenta que esta piel es muy fina (2 mm) y la tendencia a gesticular, el ácido hialurónico no es el tratamiento de elección. Optamos por la toxina botulínica para relajar la musculatura, que, al gesticular, provoca ese abanico de arrugas. Es importante aclarar que las dosis utilizadas permiten seguir manteniendo la mímica facial, es decir, no paralizamos, se trata de reducir las arrugas, pero manteniendo una naturalidad en tus facciones, que sigas sonriendo o mostrando enfado, pero con menos arrugas.